lunes, 13 de mayo de 2013

Lúthien y Kaim (Final)

La lluvia cesó. Kaim seguía postrado frente a la hermosa ninfa, sin poder articular palabra. Después de tanto tiempo, sus caminos se volvían a cruzar.
- Lúthien... ¿qué haces aquí? - Logró por fin preguntar.
Lúthien miró fijamente al desconocido que se hallaba ante ella y el odio en los ojos de Kaim disminuyó lentamente, como si una antigua paz volviese a su alma. Pero fue un sentimiento efímero, pues las palabras de la ninfa le sobresaltaron.
- Veo en tu corazón más odio del que ninguna persona albergaría, siento que tu vida ha sido un viaje a la más profunda de las desesperaciones. Pero no temas, ahora estás a salvo conmigo. Yo, Vicea, alma pura de los reinos, puedo llenar de amor el corazón más desamparado, incluso el vuestro, extraño enemigo de la vida, portador de males y azote de la paz. - Susurró al viento.
- ¿Qué estás diciendo? Tu eres Lúthien, mi mayor creación, el fruto de un Dios, jamás debiste dedicar la vida a los hombres, ellos te engañarán tarde o temprano, sus instintos no pueden entender tu belleza y perfección, ¿qué te ha pasado mi amor, qué te ha pasado? - Kaim apenas podía contener las lágrimas
- No conozco ninguna Lúthien y puedo asegurar que este es nuestro primer encuentro. Puede que ahora desconfíes de mí, pero verás que el amor lo cura todo, las heridas más oscuras del alma inclusive. Mi obra con los hombres es mi gran dicha y estaría encantada de poder ayudarte.
- ¡¡NO!! Hemos pasado cientos de años juntos, ¿cómo es posible qué no me reconozcas? Hace años abandoné nuestro hogar para comprender a los hombres, es por eso que debes desistir de darles esperanza. Tu amor sólo estaba completo a mi lado, al igual que el mío, y desde que nos separamos sólo he ansiado la muerte. - La marca de la muñeca cada vez le quemaba más.
- No entiendo lo que dices, intentas apartarme de mi felicidad excusándote en que me mentirán, pero tú por lo que dices, me abandonaste a mi suerte, ¿qué te debo a ti ahora? ¿qué es lo que busca un desconocido que lleva las manos manchadas de sangre?
- Lúthien...  Jamás pensé que podrías olvidarme... - los ojos de Kaim se tornaron de nuevo de un rojo intenso
- Quizá me forzaste a ello, quizá yo no fui suficiente, quizá el tiempo nos consumió, ahora es imposible saberlo, pero parece que el tiempo es un regalo del que disponemos ampliamente...
Kaim se puso en pie. La marca brillaba con más fuerza que nunca. La tormenta volvió con fuerza. Avanzó varios pasos hacia el bosque y se detuvo antes de desaparecer.
- No has entendido nada de este mundo...
En ese momento, Lúthien recobró la consciencia de quien era. Kaim había desaparecido entre los arboles. Aún así gritó desconsolada.
- ¡¡KAIM!! ¿Vuelves a marcharte, a abandonarme, a hundirme en la tristeza hasta que me consuma? Te traicioné y lo siento, pero no podía soportar la amargura de perderte. Tras tantos años entre los hombres eres tú el que no ha entendido nada. Siempre queda tiempo para una oportunidad, porque el mundo lo mueven el amor y la esperanza, ¡¡SIEMPRE QUEDA TIEMPO!! ¿Volverás a dejarme? ¡Vuelv...
La voz de Lúthien se detuvo bruscamente mientras un fino hilo de sangre caía por una de las comisuras de su boca. Kaim, justo detrás de ella, le susurró al oido.
- No te dejaré, yo no puedo vivir con el recuerdo de tu olvido, pero tu tampoco lo harás. Pagarás el precio de creer que dos personas pueden amarse en un mundo como éste. - y arrancó su espada del cuerpo de Lúthien que cayó de rodillas al suelo. Ella, en un último esfuerzo, acertó a preguntar
- ¿...Por...Qué...?
- Porque el mundo lo mueven los más bajos instintos, las mentiras y el odio son la fuente de poder real de los humanos. Y ante un panorama tan desolador, lo único que les queda es lo que les convierte en iguales, la muerte. - exclamó Kaim enrabietado

Acto seguido, la marca brilló aún con más fuerza, y de ella y a través del odio acumulado durante años, apareció Sarah. Presentándose frente a Kaim le dijo
- Te estaba esperando, hijo de Ilúvatar. A partir de este momento quedarás recluido en mis dominios y sufrirás el peor de los pesares por el resto de la eternidad.
Kaim no se alteró lo más mínimo, soltó una estruendosa carcajada
- ¿El peor de los pesares? ¿Dónde me llevas? - murmuró entre risas
- Al Infierno.
- Ya era hora...

martes, 1 de enero de 2013

Escribo, ¿luego existo?

Ese 2013. Ese año que tanto necesitaba que me dé. Ese sitio en el que refugiarme. Ese colapso de tiempo en el que no existe la pena o el remordimiento. Ese gran indiferente en el que guardo las promesas. Ese año más que no es cualquiera, porque siempre es diferente, porque hasta el soplo del aire en dirección distinta a otros años, se convierte en una señal relevante.

Este número. Tan directo al corazón que no necesita de "quizás". Tan asquerosamente indiferente con mi pasado que no busca consuelo. Tan rebosante de promesas como vacío de hechos. Puede que tan conformista como años anteriores.

Paradójicamente creo un día que no es para nada especial al resto, salvo por el hecho de confirmar el estatus de este día. No va a ser el año en que todo lo que me proponga me salga porque he aprendido de la experiencia pasada. No es el día en que empiezo una nueva vida, la cual,deshecha todo lo que me sobraba de la anterior para quedarse con lo mejor de mi persona. No hay final inmediato para Lüthien y Kaim, y nunca lo ha habido. No es un nuevo comienzo, ni un segundo, ni siquiera una enésima oportunidad. No pago mis deudas acumuladas, ni las más profundas, las que duelen en el corazón. No requiso mis manías, miedos y ansiedades, como si pudieran simplemente ser presos de mi (sin)razón.

Estoy escribiendo ésto. Es lo único que puedo asegurar. Bueno, miento. Lo único en lo que estoy seguro es, aparte de mis letras, que voy a intentar todo con toda la fuerza que me queda.

Nada más. Si quisiese escribir para público lo haría de otra forma. Puede que jamás cambie el pequeño egocéntrico que llevo, así que mientras tanto:

Buenas noches, y buena suerte, Rubén.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Lüthién y Kaim (Parte 6)

De pie observaba el desolado campo de batalla. Hacía tiempo que las tropas vencedoras se habían retirado, dejando sólo cadáveres,sobre la tierra quemada. Kaim permanecía silencioso bajo la lluvia, contemplando la muerte. Esa que ansiaba con tanta fuerza. Muchos años habían transcurrido desde que abandonó su hogar en busca de aventuras y, sobretodo, sentimientos. Ahora no quedaba nada de ese Kaim. El maravilloso mundo humano que había saboreado tiempo atrás sólo era un espejismo, una gota de agua en un desierto de amargura. Para un Dios era inconcebible la dualidad con la que se regía el mundo mortal. Cada sensación estaba provocada por su contrapuesta. Los humanos ansiaban la alegría y felicidad, pero no se daban cuenta que se aferraban a la tristeza y el odio en la mayoría de ocasiones para así poder degustar los pequeños buenos momentos. No logró empatizar con ellos. No había lugar en el que su alma divina pudiese encontrar paz durante más de unos meses. Y le quemaba la ausencia de Lüthién, la cual intentó buscar sin éxito durante dos décadas. Angustiado, vagaba por el mundo recreándose en la muerte, que para él era el único momento genuino de todo humano, incapaz de esquivarla e igual ante ella. Miro una vez más los cuerpos sin vida, y les envidió, sabiéndose inmortal en un lugar que no era el suyo, y que nunca lo sería. 

Furioso, galopaba hacía la región de Luas, de dónde se rumoreaba, que una ninfa divina había bajado del cielo de los dioses para sembrar prosperidad por los años venideros. No podía permitirlo. El único hueco que llenaba su alma era el odio, harto de ansiar una muerte que, asumió,  jamás llegaría. Y de ahí su incansable lucha por arrebatar todo halo de esperanza humana siempre que tuviese la ocasión. No sería la primera ninfa que fuese a asesinar. Tras de sí, siempre dejaba un reguero de muerte y destrucción. Su amargura y odio iban en aumento desde que apareció la marca. Un símbolo daédrico en su muñeca, con el que despertó una mañana, y que le hundía en la oscuridad más profunda con cada vida arrebatada. Él siempre lo había tomado cómo la burla final de su padre, vendiéndole al inframundo y convirtiéndole en el arma de los daedra, un semi-dios que hacía florecer la muerte a cada paso que daba. Había llegado a Luas, y con él, la tormenta que asolaba cada lugar al que llegaba. Pero entonces algo cambió, el manto de oscuridad que extendió sobre la vasta región, se vio empañado por un inmenso rayo de luz en el centro de un bosque. Cuando llegó al lugar de dónde brotaba la luz, observó mientras desenvainaba su espada a la portadora de ella. Estaba de espaldas, rozando con sus dedos el agua de una fuente natural. Las pupilas de Kaim tornaron a un rojo intenso, levantó la espada y se dirigió hacia ella gritándole:

- ¡¡Tú, portadora de luz y felicidad, estos humanos jamás podrán conservarla, jamás la apreciarán y pronto te olvidarán!! - La Ninfa no se giró. Kaim enfureció y volvió a gritar.
- ¡¡Soy el siervo de la muerte, el grito de la amargura, y aquí y ahora acabaré con tu vida!!

Entonces la ninfa dio media vuelta y miró a Kaim. Éste palideció, el sobresalto le hizo dejar caer la espada al suelo. Sus piernas no reaccionaban, cayó al suelo de rodillas sin poder articular palabra. Hasta que finalmente, se alcanzó a oir en el bosque el leve susurro de Kaim diciendo:

- Tú...


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Six feet under

Six feet under se desarrolla en su totalidad en una funeraria. Una funeraria que sirve de hogar a una familia y que cada semana recibe cadáveres que guardan poco más abajo de dónde ellos comen o duermen. Cada capítulo empieza con la muerte (o muertes) de una persona cualquiera, de una forma cualquiera. Desde la anciana que muere en una residencia víctima de la propia edad, hasta el recién nacido que a las pocas semanas sufre una insuficiencia respiratoria mientras duerme, pasando por el típico resbalón doméstico que hace que puedas romperte el cuello. Además, su punto de partida es la muerte del padre de la familia protagonista en un accidente de tráfico.

Con todos estos ingredientes, Alan Ball (creador de la obra), logra diseccionar todas y cada una de las ramas de la vida. Porque la magia de esta maravilla es precisamente eso, que con un trasfondo de muerte tan marcado, sea precisamente lo contrario, una oda a la vida. Sin caer jamás en estúpidos tópicos seudofilosóficos que utilizan la mayoría de adolescentes para creer que escriben/leen/ven algo profundo. Aquí todos los sentimientos son reales. La angustia, la esperanza, la tristeza, la alegría, la depresión, la locura. Y va más allá aún, atreviéndose además a diseccionar la mente humana de forma individual y colectiva. Los pensamientos del subconsciente, los temores, las fobias, la locura, la depresión, el rechazo... Todo llevado de una manera tan sutil, que cuando quieres darte cuenta, ya estás identificado con el conjunto de la serie.

Para valorar esta obra hay que analizarla desde su totalidad, pues el camino que marca es muy duro. Puede que creas que es una deprimente visión de todos los problemas del mundo y la persona. Puede que te entren ganas de llorar viendo un panorama tan desalentador. Puede que llegues a asumir que la aleatoriedad de las tragedias son tan incontrolables y numerosas, que jamás estarás capacitado para sobreponerte. Pero es entonces cuando la serie te da un golpe en el corazón y te enseña precisamente eso, lo que puede ser la vida según quieras afrontarla. Y que de la mayor de las tragedias siempre se puede obtener esperanza. Porque si durante 5 temporadas no has querido darte cuenta, en los últimos 10 minutos de un final perfecto, te dejarán perfectamente claro su primer y principal mensaje: estás de paso y sólo vas hacer dos cosas durante tu existencia, vivir y morir. Tu eres el único que decidirá cual de las dos cosas es más importante para ti.


- Tienes infinitas posibilidades y a lo único que te aferras es al dolor
- ¿Y qué se supone qué debo hacer?
- Puedes hacer cualquier cosa, cabrón con suerte, ¡¡estás vivo!! ¿Qué es un poco de dolor comparado con eso?
- No puede ser tan simple...
- ¿Y si lo es?


domingo, 21 de octubre de 2012

Ayer, hoy y mañana.

La impaciencia de verse ahogado por el tiempo es extremadamente terrible. Tanto el tiempo pasado, como el futuro... como el presente. 

Un pasado mal asimilado puede dejar un poso destructivo, un trauma alimentado por el hábito a verse superado, pequeño, derrotado antes de cualquier batalla. Y hay mentes que no descansan, para las que no se hizo eso de "empezar de cero", para las que a veces incluso parecen disfrutar poniendo trabas a los inminentes éxitos, basándose en un incierto pasado. Y, aunque sólo sean divagaciones oscuras, terminan haciéndote creer la horrible frase que para muchos es cierta.

"Las personas nunca cambian, sólo se hacen más viejos o pierden fuerzas"

El futuro nunca debería estar condicionado a nada, así lo inesperado jamás nos asustaría, así podríamos tomar las decisiones oportunas en nuestro presente sin temor a equivocarnos. Y el peor condicionamiento es el del tiempo, rival absoluto del impaciente y débil, ese que necesita creer en metas instantáneas para nutrirse de extrañas sensaciones de futuro cambio. La planificación no tiene que ser mala, pero es autodestructiva cuando tiene como fin el intentar controlar todo. Y terminas cayendo en planes que no ves cumplidos y a seguir trazando un pasado marcado por tus errores, y lo peor, un inexistente presente.

"La vida es eso que pasa mientras tú la desperdicias haciendo planes para mañana"

Y la zona del tiempo que muchas veces menos utilizamos es el presente. En términos objetivos es lo único real. El pasado no existe y el futuro, de haberlo, jamás podrás predecirlo. Bien es verdad que vivir el presente sin contextualizarlo con el tiempo pasado y futuro es muy peligroso. Se corre el riesgo de la falsa perspectiva, de creer que con cada victoria somos reyes y dueños de una vida feliz y maravillosa. Y, sobretodo, la amargura de caer a los infiernos cuando la derrota, que al final siempre acaba llegando de una manera o de otra, te golpea. Y es en esa necesidad dónde la constancia se hace imprescindible para que cada día no consista en jugarte la vida a los vaivenes de los éxitos y fracasos. 

"O mueres siendo un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en villano"

El equilibrio pleno daría como resultado una vida sosegada. No feliz, porque los términos de felicidad y tristeza son complementarios y no existirían el uno sin el otro. No centrarse en el PASADO pero tenerlo PRESENTE para intentar forjarte un FUTURO. La clave de una mente común y la menos común de todas las mentes.





domingo, 14 de octubre de 2012

Fantasmas del pasado

La gente se empeña en decir que es absurdo vivir del pasado y que hay que mirar siempre al futuro, pero se les olvida recordar que, a veces, para forjarte un futuro necesitas mirar a la cara a tu pasado. Y es por eso que la primera parada de mi nuevo viaje me llevó al sitio dónde menos quería estar. No entendía muy bien el propósito, pero las horas pasaban rápido entre vinos dulces, estar "por encima de nuestras posibilidades" y los innumerables "Yo, bitch!!". 

"...Nos reímos solos , nos reímos con ganas, no nos da la gana de ponernos serios, de ponernos serios..."

Puedes hacer creer que no tienes un pasado, pero al final eso acaba por perseguirte. Y llegó el momento de la eclosión, la predecible catarata de recuerdos reprimidos por tanto tiempo. Cada calle, cada bar, cada rincón... Ayuda tener a dos de las mejores personas, que uno pudiese imaginar, al lado. Y libera, libera la tensión de odiar por odiar. Creer por fin que es una ciudad, que no hay ganadores ni vencidos, que simplemente puedes decirle a la vida que te mereces otra oportunidad, que ya se acabó canalizar tanta represión en odio absurdo.

"...Podría haber llorado un mar de lágrimas saladas, arrojarme a los abismos y partirme en dos el alma, desatar la tempestad y el huracán de mi garganta y confesar desesperado que no puedo con mi rabia..."

Había que dar un paso más. La valentía no existiría sin el miedo, y mi viaje va ser demasiado largo como para empezar a acobardarse. Probablemente me aportará más lágrimas que sonrisas pero demostrarte a ti mismo que puedes avanzar por muy dura que sea la situación, es impagable. Y allí estaba ella. Como si el tiempo de repente se parase. Y el corazón se acelera sólo, porque por mucho que te hayas mentido, sigue siendo ella. Única, insuperable, capaz de cambiar en dos segundos un año entero de ira y odio. Y llega el momento de cerrar un adiós que te haga perdonarte a ti mismo.

"...Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, estas cenizas no juegan con fuego, este ciego no mira para atrás..."

Por algún motivo incomprensible, todo lo que conté fue, por primera vez desde hace tiempo, sincero y honesto. Tan sólo mentí al hablar de los recuerdos buenos, quizá el énfasis de no verme destruido un año después me hizo decir semejante tontería, no lo sé. Guardo millones de recuerdos buenos, al cual mejor, y son y serán parte de mí para siempre. De repente, ocurrió un pequeño milagro, sin ni siquiera darnos cuenta. Lo raro y extraño se convirtió en tan común y personal que incluso asustaba. Por un momento el tiempo retrocedió años y se quedó allí parado durante media hora. Y llegó el abrazo, posiblemente el abrazo más sincero de toda mi vida. Puede que escondiese un "gracias", pero lo que no podía ocultar era la emoción contenida de dos personas que se han amado tanto. Y el adiós se transformó en alivio, el alivio definitivo. Y por unos instantes, la persona menos creyente del amor de pareja, obtuvo de un pasado que quería odiar, el que ha sido hasta el día de hoy uno de los mejores momentos de toda su vida.

"...Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren..."

Y por fin continuo mi viaje, con dos certezas: la primera es que ese pasado puede que me vuelva a perseguir, pero yo ya sólo tengo ojos en el futuro. Y la segunda es clara y nítida, si dos almas tan parejas y complementarias no han logrado estar juntos, todo intento de llamar "amor" al cariño hacia una persona es sólo una pequeña mentira para no afrontar el miedo a la soledad. Aún así, me dejo un trocito de corazón allí, en Zaragoza. Cuídalo. Y tres últimas palabras: Gracias y te quiero.

"...Tengo que decirte que el día que te fuiste se encendieron las farolas que alumbraban el camino para que pudieras volver...volver... volver... Adiós... Adiós..."

lunes, 10 de septiembre de 2012

7

...¿Es ya el último toque de atención para coger el tren? Pareciera que llevase siglos en la estación,
sabiendo que debo partir y siendo incapaz de despedirme de tanto equipaje. ¿Cómo dejarlo atrás? Me ha acompañado siempre...

Ando recto, decidido, como tantísimas otras veces. Miro hacia atrás. Sigo. Una vez más me giro. Sé que no queda nada aquí para mí, y sin embargo no alcanzo a comprender que se acaba el tiempo, que mi destino es un carril marcado desde hace años, y esta vez es sólo de ida. 

- ¿Partes sin tus recuerdos? - Me gritan los dos trozos de mi corazón que rompí en primaveras pasadas.
- No lo ves, aquí seguirás siendo tú - Dicen mis miles de manías.

El silencio más incómodo y tantas otras veces vivido. La parada en seco. Señales, señales que me dejan frío. Algo había cambiado otra vez, en mi mano sólo había un billete, por primera vez mi intento de huida no lo respaldaba con nadie. Nadie a quién dejar tirado cuando quisiera dar la vuelta y volver a empezar. Nadie que se bajase una estación antes que la mía... o después. Por increíble que fuese, la soledad que acompañaba al billete único de la esperanza, era, ésta vez, mi mayor motivación. 

Estaba decidido a entrar por la puerta, pero una figura familiar me cortaba el paso. Engrandecida por el paso de los años, me detuvo en seco.

- Sabes que no podrás hacerlo... - Me dijo
- Este es mi momento - Respondí - Hoy ya no te tengo miedo, partiré sólo, eres libre de seguirme, pero no me vencerás.
- ¿Y qué pasará cuando fracases, cuándo falles de nuevo, cuándo extienda mi manto para recordarte que, por mucho que sueñes, lo imposible es sólo eso, imposible?
- Entonces, me levantaré, una vez, dos, mil... hasta que llegue hasta donde está
- Adelante pues, pero olvida toda posibilidad de llegar a él.

Cierro los ojos. Empiezo mi aventura. Al otro lado de la eterna vía mi objetivo. El siete. El inicio es el mismo, el final lo cambio yo.

"Si me encierro ven a verme un vis a vis,
caí preso dentro de mí, dentro muy dentro de mí
Si me escapo ve a buscarme cualquier día,
donde quede alguna flor, donde no haya policía."

viernes, 3 de agosto de 2012

Lüthién y Kaim (Parte 5)

El mar se estremecía metros abajo. De nuevo tormenta. Hacía más de un año que en el bosque ya no salía el sol. Las gotas de lluvia le caían por su pálido rostro, desgastado y consumido, como el resto de su persona e incluso de su alma. Miró hacia el mar, más de trescientos metros del barranco más alto de la zona la separaban del mar y del rugido desafiante de las olas al chocar contra la dura piedra. "Sólo estoy a un paso, esta vez lo haré, no pasaré un día más en este marchito infierno" - Pensó Lüthién. Habían transcurrido setenta primaveras desde que Kaim marchara. Desertó a un bosque, el cual fue pasto de su maldición, y se fue consumiendo poco a poco, como ella. "La bruja Gris", la llamaban los lugareños, ignorantes de que, años atrás, su belleza podría paralizar el corazón de cualquier hombre. "Te odio Kaim, te odio con más fuerza que a este turbio destino, odio tu egoísmo, odio tu recuerdo, odio que me odie por ti" - Gritó al aire. Después, cerró los ojos, y saltó al vacío, directa al descanso de la muerte ansiada.

Abrió los ojos y se encontró flotando en el aire, por encima del barranco desde donde había saltado. En frente suya, también flotando, se encontraba una extraña mujer. Vestía con un manto negro que apenas dejaba ver parte de sus brazos y la mitad de su cara. Su piel era oscura, su pelo completamente blanco, y sus ojos carecían de pupila, lo que le otorgaba un aspecto aún más siniestro.
- ¿Qué quieres? - Preguntó Lüthién.
- Mi nombre es Sarah, soy la daedra del odio, de mí salen todos los peores deseos que un hombre pueda tener. Codicia, venganza, ira, celos...
- No me asustas - Interrumpió Lüthién - Mi vida ha llegado a su fin, y ni tú ni nadie lo evitará. Vuelvo a preguntarte, ¿qué es lo qué quieres?
- Tu odio me ha traído hasta aquí, Lüthién, hija del Dios Kaim, para proponerte un trato. Quiero librarte de las ataduras que hacen que anheles la muerte, te ofrezco borrar para siempre de tu mente a Kaim y devolverte la belleza divina que te otorgó. - Replicó con una voz provista de un escalofriante eco distorsionado.
- ¿Y por qué querría una daedra, hija de demonios, ayudarme? ¿Qué quieres a cambio?
- Quiero el alma de tu creador. Sólo un hijo de los dioses podría entregarnos un alma. Te ofrezco la liberación, a cambio de que Kaim sufra en este mundo hasta el punto de anhelar la muerte y, entonces, una vez busque el descanso eterno que los dioses le han negado, poseer su alma el resto de sus días.
- Creo que prefiero morir... - Exclamó con voz temblorosa Lúthien. - No hay nada en este mundo que desee más que el sentimiento de no haber conocido nunca a Kaim, pero el precio que pides es demasiado alto, incluso con todo el odio que le profeso.
- Sigues siendo una estúpida, él sabía que con cada primavera sufrirías un tormento y te dejó a merced del implacable tiempo y, aún así, piensas en sacrificarte para salvarlo. Te lo preguntaré una vez más, ¿morirás como una desgraciada bruja presa de una maldición al que te sometió tu propio creador o vivirás para ver de nuevo la luz del sol sin las cadenas del engaño vano del amor?
Lüthién pasó varios minutos pensando, con la cabeza agachada. Sus ojos no paraban de llorar. Su triste mirada no podía apartarse de las olas. Pensó una última vez en Kaim, dejó de llorar. Levantó la cabeza y exclamó decidida:
- Acepto.

El sol la despertó de repente. Se encontraba en lo alto de una hermosa montaña desde la que se podía divisar un paisaje de ensueño. El amanecer bañaba un enorme prado que culminaba con una gran ciudad blanca, rodeada de grandes montañas. No recordaba la luz del sol, ni cómo había llegado allí, ni siquiera su nombre. Por alguna extraña razón se sentía liberada. Sonrió y el sol alumbró con más fuerza aún, como si hubiese subido a lo más alto del cielo sólo para contemplarla a ella, la ninfa más hermosa del Universo.


miércoles, 11 de abril de 2012

Lüthién y Kaim (Parte 4)

A lomos de Gorhäm, el caballo más veloz de toda la comarca, Kaim se apresuraba por los tranquilos bosques de Aragrón, sin perder ni un segundo en mirar atrás. Su corazón latía apresurado. En su mente, ideas contrapuestas le perseguían y agobiaban. Sentía al mismo tiempo el peso de la nostalgia sobre su pecho y la desbordante alegría del preso que, tras años de castigo, vuelve a contemplar la luz del sol. Quince años después ya no era extraño a esas sensaciones. Su padre le arrebató el poder divino, y desde entonces había podido experimentar los sentimientos propios de un mortal, aunque precisamente eso era lo único que le distinguía del resto, la inmortalidad. Dolor, placer, ira, amor, rabia, odio, monotonía, felicidad... Sentimientos ajenos a un Dios en la forma de experimentarlos, y que le habían embriagado tanto, hasta el punto de tomar decisiones que se oponían a la razón, algo impensable para un Dios. Pero él ya no lo era, y jamás lo volvería a ser. Sus quince años en el mundo de los hombres fueron más intensos, en cualquier sentido, que las decenas de siglos experimentadas previamente. Durante años se mintió diciéndose que Lüthién era lo más grandioso que le podía haber pasado nunca. El mundo de los hombres y, por encima de todo, su forma de vivir eran su auténtica pasión. "Hoy quiero llorar, mañana reiré, mi alma viaja hacia un mundo nuevo" - Pensó Kaim apretando los dientes.

La mañana siguiente trajo consigo una terrible tormenta a la comarca. Lüthién despertó sobresaltada. Se levantó de la cama y fue directa a la ventana, dónde observó el horrible temporal que hacía. No tardó en comprobar que Kaim no estaba en casa. No se extrañó demasiado pues, los últimos cinco años, Kaim pasaba la mayoría del tiempo fuera de casa. Vivían cerca de un pequeño pueblo, junto a un lago y rodeados de uno de los bosques más bellos de la zona. Desde hace meses, la bella ninfa, sufría por su compañero, al que veía triste y, a menudo, demasiado obsesionado con aprender más sobre los hombres y sus sentimientos. Habían viajado por los sitios más remotos del mundo, pero al contrario que a ella, Kaim no parecía conformarse. Sus pensamientos se vieron interrumpidos bruscamente por una pequeña nota doblada, sobre la mesa del comedor. La abrió con miedo, pues temía encontrarse malas noticias. "Mi querida Lüthién, quince años a tu lado, en un mundo como éste, es mucho más de lo que cualquiera desearía. Pero mi alma no duerme tranquila, pensando en lo que puede ofrecer una vida humana. Este camino tengo que recorrerlo solo. Quiero enamorarme, llorar, reir, sentir la puñalada de una traición o resurgir con la locura de un nuevo primer beso. No tenía valor para decírtelo, de ahí que lo deje escrito. Espero sepas perdonarme. Sé que seguirás tu camino sin mí, eres fuerte y la vida se abre ante ti ahora. Puede que algún día nuestros caminos vuelvan a cruzarse. No me olvides, Kaim." Las lágrimas de Lüthién empaparon el papel. Cayó al suelo de rodillas y miró una vez más a la ventana. Inmóvil, pasó horas contemplando la lluvia. 


miércoles, 28 de marzo de 2012

Lüthién y Kaim (Parte 3)

Para cuando el amanecer bañaba de luz el primer día del sexto año desde la creación de Lüthién, Kaim había perdido completamente la noción del tiempo. No sólo hizo caso omiso a las palabras de su Padre, sino que su ninfa se convirtió en todo su mundo. Nada le importaban ya las bellezas de Glimor. O el ansiado retorno con su familia. Su corazón sólo se guiaba por los ojos azules de Lüthién. Estaban tan embriagados de su propio amor, que nada más les importaba, ni siquiera la extraña soledad de verse solos en un mundo tan enorme.

Pero al séptimo año Ilúvatar se dirigió a Kaim. "Has malgastado tus 50 años en Glimor, como ya te avisé. No escuchaste mis palabras y temo que ya sea muy tarde para ti, hijo mío, pues la belleza de tu obra te ha nublado el corazón impidiéndote ver quién eres y a dónde perteneces. Tu ninfa, será enviada de inmediato a la Tierra de los hombres, pues será eterna fuente de inspiración para ellos, que la venerarán como si de una diosa se tratara. Y tú, has de regresar con tu familia, olvidar Glimor y contemplar desde un lugar privilegiado la dicha de tu obra durante los siglos venideros. Sé que tu alma alberga dudas, pero esta decisión no te corresponde a ti."

Kaim reclamó sin miedo: "A ti te debo la vida, y de tu inmensa sabiduría ha dependido que yo acabase aquí, en Glimor. Pero lo que me pides es injusto y no puedo acatarlo porque mi vida tornó en otra dirección el día que el fruto de mi canto me miró por primera vez. No me importa lugar, época, ni desdicha en la que me vea inmerso, mientras Lüthién siempre me acompañe. Y si, por no tratarse de una diosa, ha de tener negada la entrada con mi familia, prefiero seguir su destino y acabar en la Tierra de los hombres con ella, pues ninguno hallará más inspiración que yo al mirarla, ya que nuestro amor es eterno y distante al de los hombres, carentes de la pureza de lo divino. Asumiré las consecuencias de mis actos hasta el último segundo de mi existencia. Y si por ello he de pagar la deshonra de no volver a llamarme Dios, que así sea".

Ilúvatar dudó por primera vez, pensando si todo aquello no eran más que las consecuencias de erróneas decisiones que había tomado en el pasado. Con gran pesar en su corazón dirigió las últimas palabras que oiría Kaim de su padre: "Sea así como tú lo has decidido. Irás a la Tierra de los hombres, con Lüthién, pero desde hoy mismo carecerás de toda divinidad que se te había dado, salvo la inmortalidad. Pasarás los siglos con ella como es tu deseo, más tu amor no será divino como tú piensas, sino humano, sólo entonces podrás asumir tu error o regocijarte en la gloria de tu fortuna por amar a alguien de forma que ni los Dioses contemplan, ni los humanos tienen capacidad de hacer. El destino de Lüthién y su belleza, estará ligado al amor que te procese, se verá inmortal en tanto vuestra relación sea verdadera, y se marchitará con cada primavera si ambos tomáis caminos diferentes."

Y tras estas palabras, mandó a Lüthién y Kaim a la Tierra de los hombres, lugar donde la pareja debería vivir eternamente.



jueves, 22 de marzo de 2012

Lüthién y Kaim (Parte 2)


Fue entonces la primera vez que la vio. Era una preciosa ninfa, de las que sólo había oído hablar a sus hermanos en alguna ocasión. Tenía una increíble piel blanca que al contacto con el sol era mucho más bella que cualquier paisaje de Glimor. La forma perfecta de sus caderas, ridiculizaba las miles de montañas del mundo. Pero si su cuerpo parecía fruto de la mayor de las obras de Ilúvatar, su cara era todo un desafío a las  creaciones más bellas jamás vistas. Sus dos ojos azules podían eclipsar los enormes y venerados astros gigantes del cielo. Y su pelo rubio evocaba todos y cada uno de los más de quinientos amaneceres deslumbrantes que Kaim había visto en Glimor. 

- "Eres tú, al fin, mi creación" - dijo Kaim. "No puedo creer que lo haya logrado..."
- "Aún no estoy acabada, mis labios no brillan como deberían hasta que tú no los beses." - Contestó ella. "Sólo    a tu lado puedo estar completa" - Y sonrió.
- "Eres Lüthién, Creación mayor de los Dioses, belleza imperecedera y fruto del canto más hermoso que el universo haya escuchado" - Y la besó.
Kaim ya estaba seguro, nada en el mundo podría superar la belleza de su obra, pronto regresaría a la Tierra de los Dioses.

Ilúvatar habló con Kaim, y le expresó lo inmensamente feliz que estaba. Le dijo a Kaim que era hora de volver a casa. Pero Kaim pidió que, ya que no volvería a ver más a su obra, Ilúvatar le diese cincuenta años para contemplarla y despedirse. De ella y de Glimor. Ilúvatar lo consideró aceptable, más le dio una condición para ello: "Cincuenta años te daré para que te embriagues de las maravillas de tus hermanos, más de la tuya propia deberás tener cuidado, pues su magia escapa a tu propio conocimiento. Cincuenta años tienes, más cada segundo que pases con tu ninfa, tu estancia en Glimor se verá acortada".

Kaim asintió, dio las gracias, y marchó a recorrer por completo Glimor. No sin antes, visitar a Lüthién...

Lüthién y Kaim (Parte 1)

En la vasta tierra de Glimor, Ilúvatar, el Dios más grande y poderoso de todos, puso a uno de sus hijos más queridos: Kaim. Glimor era un inmenso mundo, en el que iban a parar las más bellas de entre todas las obras que los hijos de Ilúvatar creaban al cantar con su voz. Ilúvatar sólo depositó una, su más valiosa creación, su hijo Kaim. 

Claras fueron las palabras de su padre, al regalarle semejante paraíso: "Tú, Kaim, hijo de mi cantar más intenso, serás el único que podrá contemplar las más bellas creaciones que los dioses realicen. Más tu bendición podría convertirse en maldición, ya que no tendrás contacto conmigo, ni con ninguno de tus hermanos, ni se te permitirá regresar a la tierra de los dioses, hasta que no completes una obra capaz de eclipsar todos los cantares que, durante siglos, tus hermanos han creado." 

Kaim anduvo siglos paseando por Glimor, admirando todas y cada una de las maravillas que sus hermanos habían labrado. Él jamás había cantado, mucho menos creado un éter, como en Arda se conocían a los preciosos paisajes,objetos, astros y demás materiales que poseían una belleza especial. Y no sólo era por ser conocido cómo el menor de sus hermanos, sino por un miedo terrible a crear algo desagradable, impensable para un Dios. Sabía que por eso su Padre le había puesto allí siglos atrás.

El paso del tiempo le empezaba a quemar. Ese mundo, del que pensaba, jamás se cansaría, comenzó a quedarse pequeño, vacío. La soledad le nublaba el corazón y cada día que pasaba, las maravillas de los otros dioses no le parecían tan bellas. Cansado y debilitado, con las fuerzas del que se sabe sin nada que perder, Kaim apeló por fin a componer un canto, el único canto que pronunciaría en toda su vida.

Glimor se agitó, su canto tiñó de oscuridad el cielo y la tierra. Kaim no se detuvo. Pasó más de treinta años cantando mientras daba forma a su éter. Finalmente, cayó al suelo desplomado y se sumió en un profundo sueño que duraría años. 

Cuando despertó, Glimor seguía tal y como la recordaba. Voló por todo el mundo desesperadamente, buscando su obra única que le haría por fin volver con su familia. Ni rastro. Todo estaba exactamente igual. LLanuras, montañas, ríos, cascadas... no había logrado ni siquiera recrear un bello paisaje, mucho menos esculpir en el cielo un astro que empequeñeciera a todos los demás creados hasta ahora. Enfureció, gritó de rabia, lloró y se resignó. Jamás volvería con su familia.



sábado, 10 de marzo de 2012

Los Gremlins y la bilirrubina

Recuerdo los Gremlins 2 en el cine. Fue hace ya más de 20 años, pero el recuerdo me parece de la semana pasada. Nítido, claro, sin añadidos ni reconstrucciones.

 Recuerdo la primera vez que leí sobre Lúthien y Beren como si ayer mismo hubiese repasado de un vistazo todo el Silmarilion. Quizá por buscar toda mi vida lo que tuvieron ellos, he acabado desperdiciando lo que poca gente logra tener. O quizá aún no haya conocido a la auténtica Lúthien.

Por alguna extraña razón, que no alcanzo a entender, tengo grabado a fuego en mi memoria, las palabras en japonés de Vegetto cuando vencías en el Dragon Ball: FinalBout.

No olvido mi primer beso, por muchos que haya habido luego, ni cada calle de Corrales. Me estremece recordar a Alex Ubago cantando So Payaso en "acústico". Jamás olvidaré el día que un amigo me dijo "¿qué te parece esa chica con la que estoy?". Mucho menos la intensidad de todas y cada una de nuestras peleas, y sobretodo, de nuestras reconciliaciones.

Hoy me he levantado con unas extrañas ganas de escuchar "La bilirrubina", y la letra seguía en mi cabeza como si yo mismo la hubiese escrito. Y sí, sonrío al escucharla.

Y pese a todo, no alcanzo a recordar lo mucho que te echaba de más hace un año. Sé que era así, y sigo sin entenderlo, ni recordarlo. Pocos meses después y ya me cuesta hasta ponerte cara. He cambiado grandes recuerdos por mentiras de traición y odio. Y por mucho que lucho, y sin ninguna razón aparente, no dejo de recordar lo muchísimo que te quería, por más que me esfuerce en odiarte.

viernes, 17 de febrero de 2012

Standby

Me da vértigo el punto muerto y la marcha atrás.
Vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a Gas-oil.
Me angustia el cruce de miradas, la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me arruinan las prisas, y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo y hasta la linea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran a sus ideales, sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico y tanto sinsentido.
Parado frente al mar... Mientras el mundo gira...

sábado, 4 de febrero de 2012

Calor y otros asuntos...

Tengo tesón, constancia y desespero

Y si no me muero, te escribo está canción

Pasó febrero ,y ya vuelvo a ver el sol

Que ya no quiero, otro corazón


Deja que te diga, deja recordar

déjame que escriba a esta soledad

Sientes cada día que nada es igual

quema la esperanza, parece que ya no está


No tengas miedo, llegábamos primero

A tu velero, faltaba mi timón

Soy un cartero, buscando tu calor

Un mensajero, de dulce ilusión


Deja que te diga, deja recordar

déjame que escriba a esta soledad

Sientes cada día que nada es igual

quema la esperanza, parece que ya no está


¿Recuerdas?

Queríamos volar, nos cortaron las alas

Queríamos soñar, nos robaron el tiempo

Queríamos reír, borraron la sonrisa

Queríamos querer, queríamos querer


Tú y yo,

Que vuelo perdido sin rumbo fijo hasta tú corazón

Yo y tú,

Que me ahogo despacio perdiendo la razón

¡Quien pueda decir que no lo mereces!

pues tu sonrisa vale más que todos los jueves trece

que te pudiera yo dar

Ahora ya lo sabes, vuelve a despertar

con la luz que siempre has querido ocultar

que ahora viaja en mi memoria por siempre

desde ese día que fue el principio de nuestra suerte

El reflejo de tu eco me vuelve a mi mente, solamente

Recordando un susurro en nuestras primeras noches, o en el coche

Cada vez que lo pienso, sé que no te merezco, y por eso

Moriría de noche, regalándote un verso, por un beso


Te prometí la canción más bonita que pudiera darte

Pero ahora, al mirarte,

Sé que está muy lejos de lo que mereces

Aunque lo deje, no es lo que parece

Cambias la vida de alguien y no sé que regalarte

Pasan las horas, debo callarme

El simple brillo de tus ojos es mil millones de veces

Muchísimo más inspirador y precioso que estas idioteces

La valentía existe porque existe el miedo

La única forma de terminar tiene que ser

Diciéndote te quiero

domingo, 29 de enero de 2012

La tierra de los olvidados

... A través de un abismo largo y oscuro, sumergido entre ruinas de desesperación y lamentos, nace la tierra de los olvidados. Allí dónde no alcanza la memoria y el invierno es un día interminable de cansancio y vacío. Sus fronteras las ocupan enormes torres, creadas bajo la pesada carga de los años y el desconsuelo de la decepción.

Descansan los hombres y mujeres que no encuentran objetivo para cicatrizar sus heridas. Vagan en un páramo gris, contagiado por el angustioso correr de los minutos. Su silencio se ve perturbado por un llanto estremecedor, el de los sueños por cumplir. A menudo fantasean, los allí perdidos, con un héroe, que guiado por la esperanza les devuelva de nuevo más allá de los oscuros cielos.

Su gloria, es el mal de los cercanos, su miseria, el trascurrir del tiempo y su castigo, el olvido. Algunos sueñan con el mundo de la demencia, otros con el sabor de las promesas futuras. Los pocos que logran salir de este inhóspito sitio, jamás regresan. Las sonrisas son leyendas, las lágrimas, mitos. Todo material allí presente, se forja a través de la resignación, único sustento del lugar. El alma buscará siempre su redención a través del castigo y el sufrimiento, pero nunca la alcanzará, y de hacerlo, ya no estará en la tierra de los olvidados...

lunes, 23 de enero de 2012

Olvido

- ...¿Por qué haces esto?

- ¿Por qué no debería? Tú ya nunca estás, tú ya no eres tú, tú me has obligado...

- Nos merecemos una despedida, un último tú y yo, nos merecemos algo más que el olvido

- Ni siquiera existes, eres un último recuerdo que lucha por quedarse en mi memoria, que llora queriendo aferrarse a un pasado que ya no me sirve... ¿por qué no dejas qué me vaya? O mejor, ¿por qué no te vas de una vez? No hay tiempo, lugar, ni sentimiento que arregle ya ésto

- Calla... calla por favor..

- Necesito que te vayas

- Sólo si prometes que me concederás otra oportunidad si llegase el momento. Sólo si dejas una pequeña esperanza a un futuro distinto

- Mi futuro depende de que no tenga esperanza por nosotros...

- Entonces quédate sólo un rato más, finjamos que nunca ha pasado nada, finjamos que todo es igual... sólo un momento...

- ¿Por qué quieres que me quede? Has sido tú quien ha provocado todo

- No lo sé... sólo quédate un rato más...

martes, 17 de enero de 2012

Se acerca el invierno...

Cierro los ojos y me trasporto a un mundo de fantasía donde no existe el dolor, ahí donde todas las noches me acompañan personas que siempre están para mí. Descanso de mis pesadillas y frivolizo inventando una realidad alternativa.

Río con Lorelai y Rori, descubriendo que la vida, por muy dura que sea, siempre es divertida. Nada puede amargarnos, todo es ilusionante. Y si no me queda claro, Joey Tribbiani me lleva a un apartamento de Nueva York, para que me psicoanalice Frasier mientras escucho chistes de Seinfield. Alegría y humor, la felicidad parece estar muy cerca...





















Pero necesito algo más. Salgo de allí buscando aventura, buscando algo que me llene de verdad. Me encuentro ante cientos de personas que gritan mi nombre y me aclaman. Gannicus me ofrece una espada con la que matar sin piedad uno a uno a todos mis enemigos en la arena. La sangre me salpica mientras mi nombre suena al viento. Todos caen ante mi destreza. Vuelo junto a Gohan buscando un enemigo de mi altura. Salvo al mundo, me pierdo en una isla y sobrevivo a una invasión zombie. La sobredosis de gloria y adrenalina me mantiene aletargado, cómo si ya nada más me importase. Pero sigue faltando algo...






















Entonces me doy cuenta, ¿de qué me sirven las fantasías más extraordinarias sin amor? Retuerzo una vez más mi realidad ficticia para que Barney Stinson me presente un montón de mujeres en un bar. Pero yo quiero algo más auténtico, más puro, así que Ted Mosby me lleva a un hospital cercano, dónde vivo una maravillosa historia de amor con la doctora Grey. Aunque tenemos nuestras diferencias, vivimos un apasionado romance lleno de aventuras, viajes de ensueño y fuegos artificiales sobre rascacielos. Porfin creo que he llegado donde quería, este puede que sea mi mundo...

La última realidad inventada es de la que antes me canso. Salgo al vacío infinito y me desespero. ¿Será verdad que no existe la auténtica felicidad? ¿Será que siempre quiero más y más? ¿Qué es lo que necesito? Mi subconsciente crea un último mundo. Se caracteriza por ser familiar en todo... y a la vez en nada. Entro en un bar muy distinto al que me llevo Barney, es un bar normal y corriente, sin supermodelos, ni mesas e iluminación perfectas, ni clones de gente feliz en cada rincón. Allí McNulty me invita a unas cervezas, y me explica lo duro que es buscar a alguien que merezca la pena, lo mal que se porta la vida con quién menos lo merece y lo jodido que es levantarse cada día y seguir luchando. Me conmueve, me entristece, me alivia de algún modo. A la salida, Tony Soprano me mete en un coche. Me lleva con su psiquiatra, y me dice que incluso los gangsters tienen problemas, estrés y riñas familiares. Por primera vez en mi ficción, me siento agusto.
Decido quedarme allí, donde el dolor golpea fuerte, donde la incertidumbre intenta controlar tus pasos y donde el miedo aguarda siempre, esperando su momento para hundirte. Pienso que he enloquecido, que nadie cuerdo se quedaría en un mundo así. Pero mi fantasía empieza a cobrar sentido. Cada día lo empiezo como una aventura nueva, no tan emocionante como las anteriores, pero mucho más auténtica. Aprecio lo que tengo porque me lo he ganado, y disfruto de cada buen momento por lo que cuesta encontrarlo. No sé si aquí seré feliz, el tiempo lo dirá, pero sólo aquí podría intentar serlo. Finalmente despierto en mi cama. Es tarde y apenas he dormido. Me gustaría seguir soñando, me gustaría volver a esos mundos que con tanta ligereza había despreciado antes. Pero toca levantarse y luchar, porque se está haciendo tarde, y se acerca el invierno...

domingo, 15 de enero de 2012

Esperanza

Hoy no es un día más, hoy es el primer día del resto de mi vida.
Hoy se hace realidad todo por lo que se ha luchado, hoy se detiene el tiempo.
No va ser rápido, y por supuesto nunca será fácil, pero por fin será distinto.
La mañana trae calma donde parecería que tendría que haber tormenta...

Y es que hoy libero mi mundo de fantasmas pasados
y doy la bienvenida al futuro más esperanzador.
Hoy grito que no importa tanto si al final lo he logrado,
sino que esta vez lo he intentado.
Y hoy desaparece el pasado, hoy es hoy y como mucho mañana,
pero jamás volverá a ser ayer.

Y es que, si he llegado hasta aquí movido por el odio
de qué no seré capaz una vez liberado.
Hoy sueño que despierto y despierto en mi sueño
hoy todo ha cambiado, hoy estoy aquí porque me lo he ganado.

viernes, 13 de enero de 2012

Odio

Miedo a la indiferencia, miedo al vacío, miedo al olvido.
Déjame que te cuente una vez más por lo que he venido
déjame andar perdido, déjame llorar tranquilo.

Te maldeciré una y mil veces, no me escuches,
no creas en lo que digo, no pienses lo que escribo.
Me sale tan mal odiarte que me odio a mí mismo.

Cuando mi cama vacía grite tu nombre, lloraré que esto es injusto
moriré de pena y no podre reprimirte,
cortaré mis venas y saldré a despedirte,
veré la luna llena y el día en que te fuiste
y buscaré la manera de sentirme más agusto.

Seré entonces consciente de que yo he desaparecido,
pero que tú nunca desapareces,
y gritaré de rabia locamente enfurecido
que te odio y te odiaré miles de veces.