"...Nos reímos solos , nos reímos con ganas, no nos da la gana de ponernos serios, de ponernos serios..."
Puedes hacer creer que no tienes un pasado, pero al final eso acaba por perseguirte. Y llegó el momento de la eclosión, la predecible catarata de recuerdos reprimidos por tanto tiempo. Cada calle, cada bar, cada rincón... Ayuda tener a dos de las mejores personas, que uno pudiese imaginar, al lado. Y libera, libera la tensión de odiar por odiar. Creer por fin que es una ciudad, que no hay ganadores ni vencidos, que simplemente puedes decirle a la vida que te mereces otra oportunidad, que ya se acabó canalizar tanta represión en odio absurdo.
"...Podría haber llorado un mar de lágrimas saladas, arrojarme a los abismos y partirme en dos el alma, desatar la tempestad y el huracán de mi garganta y confesar desesperado que no puedo con mi rabia..."
Había que dar un paso más. La valentía no existiría sin el miedo, y mi viaje va ser demasiado largo como para empezar a acobardarse. Probablemente me aportará más lágrimas que sonrisas pero demostrarte a ti mismo que puedes avanzar por muy dura que sea la situación, es impagable. Y allí estaba ella. Como si el tiempo de repente se parase. Y el corazón se acelera sólo, porque por mucho que te hayas mentido, sigue siendo ella. Única, insuperable, capaz de cambiar en dos segundos un año entero de ira y odio. Y llega el momento de cerrar un adiós que te haga perdonarte a ti mismo.
"...Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, estas cenizas no juegan con fuego, este ciego no mira para atrás..."
Por algún motivo incomprensible, todo lo que conté fue, por primera vez desde hace tiempo, sincero y honesto. Tan sólo mentí al hablar de los recuerdos buenos, quizá el énfasis de no verme destruido un año después me hizo decir semejante tontería, no lo sé. Guardo millones de recuerdos buenos, al cual mejor, y son y serán parte de mí para siempre. De repente, ocurrió un pequeño milagro, sin ni siquiera darnos cuenta. Lo raro y extraño se convirtió en tan común y personal que incluso asustaba. Por un momento el tiempo retrocedió años y se quedó allí parado durante media hora. Y llegó el abrazo, posiblemente el abrazo más sincero de toda mi vida. Puede que escondiese un "gracias", pero lo que no podía ocultar era la emoción contenida de dos personas que se han amado tanto. Y el adiós se transformó en alivio, el alivio definitivo. Y por unos instantes, la persona menos creyente del amor de pareja, obtuvo de un pasado que quería odiar, el que ha sido hasta el día de hoy uno de los mejores momentos de toda su vida.
"...Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren..."
Y por fin continuo mi viaje, con dos certezas: la primera es que ese pasado puede que me vuelva a perseguir, pero yo ya sólo tengo ojos en el futuro. Y la segunda es clara y nítida, si dos almas tan parejas y complementarias no han logrado estar juntos, todo intento de llamar "amor" al cariño hacia una persona es sólo una pequeña mentira para no afrontar el miedo a la soledad. Aún así, me dejo un trocito de corazón allí, en Zaragoza. Cuídalo. Y tres últimas palabras: Gracias y te quiero.
"...Tengo que decirte que el día que te fuiste se encendieron las farolas que alumbraban el camino para que pudieras volver...volver... volver... Adiós... Adiós..."
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