sabiendo que debo partir y siendo incapaz de despedirme de tanto equipaje. ¿Cómo dejarlo atrás? Me ha acompañado siempre...
Ando recto, decidido, como tantísimas otras veces. Miro hacia atrás. Sigo. Una vez más me giro. Sé que no queda nada aquí para mí, y sin embargo no alcanzo a comprender que se acaba el tiempo, que mi destino es un carril marcado desde hace años, y esta vez es sólo de ida.
- ¿Partes sin tus recuerdos? - Me gritan los dos trozos de mi corazón que rompí en primaveras pasadas.
- No lo ves, aquí seguirás siendo tú - Dicen mis miles de manías.
El silencio más incómodo y tantas otras veces vivido. La parada en seco. Señales, señales que me dejan frío. Algo había cambiado otra vez, en mi mano sólo había un billete, por primera vez mi intento de huida no lo respaldaba con nadie. Nadie a quién dejar tirado cuando quisiera dar la vuelta y volver a empezar. Nadie que se bajase una estación antes que la mía... o después. Por increíble que fuese, la soledad que acompañaba al billete único de la esperanza, era, ésta vez, mi mayor motivación.
Estaba decidido a entrar por la puerta, pero una figura familiar me cortaba el paso. Engrandecida por el paso de los años, me detuvo en seco.
- Sabes que no podrás hacerlo... - Me dijo
- Este es mi momento - Respondí - Hoy ya no te tengo miedo, partiré sólo, eres libre de seguirme, pero no me vencerás.
- ¿Y qué pasará cuando fracases, cuándo falles de nuevo, cuándo extienda mi manto para recordarte que, por mucho que sueñes, lo imposible es sólo eso, imposible?
- Entonces, me levantaré, una vez, dos, mil... hasta que llegue hasta donde está
- Adelante pues, pero olvida toda posibilidad de llegar a él.
Cierro los ojos. Empiezo mi aventura. Al otro lado de la eterna vía mi objetivo. El siete. El inicio es el mismo, el final lo cambio yo.
"Si me encierro ven a verme un vis a vis,
caí preso dentro de mí, dentro muy dentro de mí
Si me escapo ve a buscarme cualquier día,
donde quede alguna flor, donde no haya policía."