La lluvia cesó. Kaim seguía postrado frente a la hermosa ninfa, sin poder articular palabra. Después de tanto tiempo, sus caminos se volvían a cruzar.
- Lúthien... ¿qué haces aquí? - Logró por fin preguntar.
Lúthien miró fijamente al desconocido que se hallaba ante ella y el odio en los ojos de Kaim disminuyó lentamente, como si una antigua paz volviese a su alma. Pero fue un sentimiento efímero, pues las palabras de la ninfa le sobresaltaron.
- Veo en tu corazón más odio del que ninguna persona albergaría, siento que tu vida ha sido un viaje a la más profunda de las desesperaciones. Pero no temas, ahora estás a salvo conmigo. Yo, Vicea, alma pura de los reinos, puedo llenar de amor el corazón más desamparado, incluso el vuestro, extraño enemigo de la vida, portador de males y azote de la paz. - Susurró al viento.
- ¿Qué estás diciendo? Tu eres Lúthien, mi mayor creación, el fruto de un Dios, jamás debiste dedicar la vida a los hombres, ellos te engañarán tarde o temprano, sus instintos no pueden entender tu belleza y perfección, ¿qué te ha pasado mi amor, qué te ha pasado? - Kaim apenas podía contener las lágrimas
- No conozco ninguna Lúthien y puedo asegurar que este es nuestro primer encuentro. Puede que ahora desconfíes de mí, pero verás que el amor lo cura todo, las heridas más oscuras del alma inclusive. Mi obra con los hombres es mi gran dicha y estaría encantada de poder ayudarte.
- ¡¡NO!! Hemos pasado cientos de años juntos, ¿cómo es posible qué no me reconozcas? Hace años abandoné nuestro hogar para comprender a los hombres, es por eso que debes desistir de darles esperanza. Tu amor sólo estaba completo a mi lado, al igual que el mío, y desde que nos separamos sólo he ansiado la muerte. - La marca de la muñeca cada vez le quemaba más.
- No entiendo lo que dices, intentas apartarme de mi felicidad excusándote en que me mentirán, pero tú por lo que dices, me abandonaste a mi suerte, ¿qué te debo a ti ahora? ¿qué es lo que busca un desconocido que lleva las manos manchadas de sangre?
- Lúthien... Jamás pensé que podrías olvidarme... - los ojos de Kaim se tornaron de nuevo de un rojo intenso
- Quizá me forzaste a ello, quizá yo no fui suficiente, quizá el tiempo nos consumió, ahora es imposible saberlo, pero parece que el tiempo es un regalo del que disponemos ampliamente...
Kaim se puso en pie. La marca brillaba con más fuerza que nunca. La tormenta volvió con fuerza. Avanzó varios pasos hacia el bosque y se detuvo antes de desaparecer.
- No has entendido nada de este mundo...
En ese momento, Lúthien recobró la consciencia de quien era. Kaim había desaparecido entre los arboles. Aún así gritó desconsolada.
- ¡¡KAIM!! ¿Vuelves a marcharte, a abandonarme, a hundirme en la tristeza hasta que me consuma? Te traicioné y lo siento, pero no podía soportar la amargura de perderte. Tras tantos años entre los hombres eres tú el que no ha entendido nada. Siempre queda tiempo para una oportunidad, porque el mundo lo mueven el amor y la esperanza, ¡¡SIEMPRE QUEDA TIEMPO!! ¿Volverás a dejarme? ¡Vuelv...
La voz de Lúthien se detuvo bruscamente mientras un fino hilo de sangre caía por una de las comisuras de su boca. Kaim, justo detrás de ella, le susurró al oido.
- No te dejaré, yo no puedo vivir con el recuerdo de tu olvido, pero tu tampoco lo harás. Pagarás el precio de creer que dos personas pueden amarse en un mundo como éste. - y arrancó su espada del cuerpo de Lúthien que cayó de rodillas al suelo. Ella, en un último esfuerzo, acertó a preguntar
- ¿...Por...Qué...?
- Porque el mundo lo mueven los más bajos instintos, las mentiras y el odio son la fuente de poder real de los humanos. Y ante un panorama tan desolador, lo único que les queda es lo que les convierte en iguales, la muerte. - exclamó Kaim enrabietado
Acto seguido, la marca brilló aún con más fuerza, y de ella y a través del odio acumulado durante años, apareció Sarah. Presentándose frente a Kaim le dijo
- Te estaba esperando, hijo de Ilúvatar. A partir de este momento quedarás recluido en mis dominios y sufrirás el peor de los pesares por el resto de la eternidad.
Kaim no se alteró lo más mínimo, soltó una estruendosa carcajada
- ¿El peor de los pesares? ¿Dónde me llevas? - murmuró entre risas
- Al Infierno.
- Ya era hora...

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