miércoles, 28 de marzo de 2012

Lüthién y Kaim (Parte 3)

Para cuando el amanecer bañaba de luz el primer día del sexto año desde la creación de Lüthién, Kaim había perdido completamente la noción del tiempo. No sólo hizo caso omiso a las palabras de su Padre, sino que su ninfa se convirtió en todo su mundo. Nada le importaban ya las bellezas de Glimor. O el ansiado retorno con su familia. Su corazón sólo se guiaba por los ojos azules de Lüthién. Estaban tan embriagados de su propio amor, que nada más les importaba, ni siquiera la extraña soledad de verse solos en un mundo tan enorme.

Pero al séptimo año Ilúvatar se dirigió a Kaim. "Has malgastado tus 50 años en Glimor, como ya te avisé. No escuchaste mis palabras y temo que ya sea muy tarde para ti, hijo mío, pues la belleza de tu obra te ha nublado el corazón impidiéndote ver quién eres y a dónde perteneces. Tu ninfa, será enviada de inmediato a la Tierra de los hombres, pues será eterna fuente de inspiración para ellos, que la venerarán como si de una diosa se tratara. Y tú, has de regresar con tu familia, olvidar Glimor y contemplar desde un lugar privilegiado la dicha de tu obra durante los siglos venideros. Sé que tu alma alberga dudas, pero esta decisión no te corresponde a ti."

Kaim reclamó sin miedo: "A ti te debo la vida, y de tu inmensa sabiduría ha dependido que yo acabase aquí, en Glimor. Pero lo que me pides es injusto y no puedo acatarlo porque mi vida tornó en otra dirección el día que el fruto de mi canto me miró por primera vez. No me importa lugar, época, ni desdicha en la que me vea inmerso, mientras Lüthién siempre me acompañe. Y si, por no tratarse de una diosa, ha de tener negada la entrada con mi familia, prefiero seguir su destino y acabar en la Tierra de los hombres con ella, pues ninguno hallará más inspiración que yo al mirarla, ya que nuestro amor es eterno y distante al de los hombres, carentes de la pureza de lo divino. Asumiré las consecuencias de mis actos hasta el último segundo de mi existencia. Y si por ello he de pagar la deshonra de no volver a llamarme Dios, que así sea".

Ilúvatar dudó por primera vez, pensando si todo aquello no eran más que las consecuencias de erróneas decisiones que había tomado en el pasado. Con gran pesar en su corazón dirigió las últimas palabras que oiría Kaim de su padre: "Sea así como tú lo has decidido. Irás a la Tierra de los hombres, con Lüthién, pero desde hoy mismo carecerás de toda divinidad que se te había dado, salvo la inmortalidad. Pasarás los siglos con ella como es tu deseo, más tu amor no será divino como tú piensas, sino humano, sólo entonces podrás asumir tu error o regocijarte en la gloria de tu fortuna por amar a alguien de forma que ni los Dioses contemplan, ni los humanos tienen capacidad de hacer. El destino de Lüthién y su belleza, estará ligado al amor que te procese, se verá inmortal en tanto vuestra relación sea verdadera, y se marchitará con cada primavera si ambos tomáis caminos diferentes."

Y tras estas palabras, mandó a Lüthién y Kaim a la Tierra de los hombres, lugar donde la pareja debería vivir eternamente.



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