miércoles, 9 de marzo de 2011

La Gilmore reprimida

Las 9:30 AM, no he madrugado, ha sido una noche sin poder pegar ojo, ésta por lo menos mucho más productiva, la ocurrencia del Blog puede que me libere de tanto pensamiento. Poder plasmar,aunque sea en pinceladas, una idea confusa, parece que aligera la carga de las muchas tonterías que se me pasan a menudo por la cabeza.

Hoy el detonante de mis delirios de grandeza ha sido el intentar paliar mi insomnio poniendo en la tele la "Cosmopolitan". Antes de seguir, situaré un poco el contexto de todo ésto. Me encanta el cine, me gusta ver de todo, pero soy muy crítico con las películas que en mi opinión no alcanzan un nivel aceptable. Odio las comedias románticas facilonas y empalagosas, me asquea el romanticismo barato y la palabrería inutil, más aún aderezadas en las situaciones utópicas que se plantean en este tipo de películas. Hace poco menos de un año, mientras yo jugaba al ordenador mi novia estuvo viendo un par de capítulos de "las Gilmore". Casi sin querer, me tragué como quién no quiere la cosa medio episodio, no sin comentar en tono burlesco continuamente, las reiteradas situaciones tan extremadamente "ñoñas" que se sucedían. Al poco rato sonreí con una gracieta de Lorelai, su protagonista, y antes de darme cuenta, en un par de meses me había visto, incomprensiblemente, las 7 temporadas de la serie.

Esta madrugada han echado uno de los capítulos de la última temporada. Tras verlo, he ido a internet a ver los dos últimos capítulos y, mientras los veía, una extraña sensación agridulce me recorría la cabeza. Mientras una parte de mí se emocionaba viendo la escena final, tan absolutamente previsible y pastelosa, otra me intentaba decir que no podía estar entreteniéndome semejante "cosa", mucho menos emocionarme. Sin duda la mayoría de nosotros alguna vez ha tenido este cruce de sensaciones tan contrapuestas. Todo debido a la pequeña dictadura que, en mayor o menor medida, a todos nos han impuesto en el proceso de aprendizaje. Ya sea en un grupo de amigos, con la educación de un determinado colegio, o ,por supuesto, la tendencia que nos ha marcado nuestra familia. Y una vez te has forjado una personalidad e imagen propia, algunas veces no puedes escapar de ese contexto que te ha seguido toda la vida, y en ese momento, cuando el desencuentro entre tu propia identidad y la que te han intentado marcar se hace patente, surgen los conflictos contigo mismo.

Quien más, quien menos ha tenido alguna vez un caso "Gilmore" que ha reprimido por miedo a la confrontación con lo que "debería ser" su imagen para con los demás. Es algo normal. Pero hay otras personas que viven reprimiendo su verdadero yo por miedos e inseguridades durante gran parte de su vida. Son esas personas que, habitualmente, acaban perdidas en la búsqueda de sí mismas, y que terminan esclavizadas por ideas que han aprendido sin saber muy bien por qué, y que normalmente aprenden a sobrevivir canalizando en odio, hacia ellos mismos o los demás, esta confrontación de ideas.

Y todo esto porque vivimos en entornos en los que cualquier persona puede sentirse vulnerable por el simple hecho de tener una idea o conducta totalmente opuesta a la del resto. La dictadura del pueblo.

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